viernes, 21 de julio de 2017

Stalingrado

No recuerdo quién dio el primer paso,
hace tanto y estábamos tan borrachos,
pero sí recuerdo tu olor en mis manos,
tus ojos y tu sonrisa,
tu pelo a medio despeinar
y el silencio.
¿Tú lo recuerdas?
Teníamos un sitio al que llamar hogar
y preguntas
y paredes que se apartaban para vernos.
Aún es pronto para decidir
el grado de éxito de la avanzada
pero se deja entrever
que la contienda
va mereciendo la pena.

Llueve metralla,
esquivamos cadáveres en las trincheras
mientras preparamos
café y anfetaminas
para soñar despiertos
y al otro lado del frente
el futuro aguarda el desenlace,
sabedor de que la batalla
ya es nuestra,
y eso
eso
eso
solamente eso
nos hará inmortales
porque la Historia
la escriben
los vencedores.

viernes, 17 de febrero de 2017

Rasa y al Pie.

No soy capaz de terminar un poema
cuando he estado leyendo
porque todo
me parece
mierda.

Te ganarás el pan con el sudor de tu frente,
debe ser que no aprieto el boli
con la suficiente fuerza.
Tengo cajas de medicamentos
y una mujer que me quiere
y nevera
y lamparitas rosas.
Hasta que aparezca el sudor
y por ende el pan
me iré conformando con eso
y con no ser
Defreds.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Lejanías

Quiero creer
que no todas las personas
que cogen un tren
a las siete de la mañana
van borrachas.
Quiero creerlo, pero me cuesta.

Oigo risas, llantos y gemidos,
vómitos de sábado
aún sin resaca,
huele a ron
y a vidas rotas.
Frente a mí
hay una señora mayor
rodeada de tres muchachas
que chillan
y la mujer
se siente fuera
del mundo que representan las muchachas,
lo refleja su cara:
arquea las cejas
y esquiva el contacto visual
y las muchachas se divierten
pero la mujer no
y yo no
y arqueo las cejas
y esquivo mirarlas
pero aún así
no me siento fuera
porque a las muchachas
y a mí
nos unen algunas cosas:
la edad, por ejemplo,
o el poco apego por la vida,
nos unen
el vicio y la noche,
puede incluso
que yo sea
otra de ellas
y que haya desdoblado mi personalidad
y que una parte de mí
esté escribiendo esto
justo al lado de la señora
y la otra parte de mí
sea ese señor con barba
y chaqueta de cuero
que ahora me mira
como si quisiera
matarme.

Barrio

Estas calles son mías
como míos son sus otoños
y sus hojas,
me pertenecen.
Conozco bien el modus operandi
de las zonas deprimidas,
sé qué navaja
utilizar en cada caso,
conozco su muerte
y la venganza.
Cuando era pequeño
(indeterminadamente pequeño)
robábamos por la droga
y el camello
robaba a su vez
para aumentar su stock
y a veces
se cometían errores
y nos robábamos
entre nosotros,
cosas de niños.
Conozco bien esa tienda
y algunos labios
y algunas manos
y alguna lágrima,
lo salvaje de la risa
cuando creces
constantemente alerta.

Estas son mis calles, quede claro.
Agradezco las visitas
pero ahora,
por favor,
dejad de estropear mi césped y mis edificios,
todas
a tomar por culo
de mi casa.

sábado, 16 de julio de 2016

Verano

Día 24: vuelta.

Voy a escribirte el poema de amor más bonito del mundo.
Voy a escribir puentes
y habrá miles de recuerdos
y de mosquitos
y te reirás
y harás magia.
Voy a escribir
203
117
17
202
y de repente
al plasmarlo
será la contraseña que abra
la acorazada más importante que existe.

Voy a escribirte el poema más bonito del mundo
porque serás tú
y yo
de soslayo
y habrá carretera y verano
y piedras bajo nuestras cabezas.

Voy a escribirte el mundo más bonito,
uno que no gire,
que casi ni se inmute a nuestro paso,
un mundo voyeur y exhibicionista,
loco y puro
que plante rosas blancas
cuando estemos tristes.

Voy a escribirte el amor más bonito del mundo,
amor,
lo haré
y será tan largo
que nadie se atreverá
a leerlo
y eso será aún mejor
porque entonces
el poema,
el mundo
y el amor
serán
secretamente
nuestros.

sábado, 9 de julio de 2016

Zubiri

Día 16 bis: ron.

Juro
que he buscado
maneras alternativas
de paliar la ansiedad,
pero ni la risa
ni la música
lo han conseguido y,
como me desenganché
(antes de tiempo,
por lo visto)
a los psicofármacos
y a la autolesión
ya solo me quedan
los grados.
La soledad no se va, claro,
ni la culpa,
ni tú vuelves,
ni de lejos vuelves,
pero la opresión en el pecho,
la taquicardia
y las ganas de morirme
ceden
lo suficiente
como para poder
beber
una copa más.

No te preocupes,
corazón,
puedo ir viviendo
sin vida.

Adhesiones

Día 16: riesgo.

Yo no te pido tanto,
de verdad:
un beso, quizá, un mordisquito
en el labio,
un "te amo",
que vuelvas a mi lado,
que vivamos juntos
un tiempo
o
toda la vida,
sí,
mejor toda la vida,
que seas tú
quien cierre mis ojos
cuando todo acabe
(cuando todo acabe
de verdad),
y la felicidad
eterna y pura
de sabernos uno
para siempre.
Sin altar,
sin hijos,
sin hipoteca.
No te pido tanto,
¿no?

Entretanto
el campo yermo se riega
del terror
de tu huida.